En los últimos días, la República Dominicana ha enfrentado intensas precipitaciones provocadas por la incidencia de una vaguada, que ha dejado inundaciones en diferentes regiones del territorio nacional. Las consecuencias han sido preocupantes: cientos de viviendas afectadas, comunidades incomunicadas, dificultades en las vías de acceso y miles de personas perjudicadas.
Entre las provincias que han registrado importantes afectaciones se encuentran Azua, Santo Domingo, El Seibo, Peravia, San Cristóbal, Monte Plata y Barahona. De acuerdo con los reportes del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), al cierre del seguimiento de este fenómeno se contabilizaron 2,675 personas afectadas, 535 viviendas dañadas y 51 comunidades incomunicadas.
La situación también ha generado numerosas reacciones en las redes sociales. Plataformas como Instagram y TikTok se han convertido en espacios donde circulan videos de las inundaciones, denuncias ciudadanas, memes y críticas dirigidas a las autoridades gubernamentales, los ayuntamientos y la propia población.
Sin embargo, más allá de las imágenes y las reacciones, surge una interrogante que merece nuestra atención: ¿cuáles son las verdaderas causas de las inundaciones que afectan recurrentemente a nuestro país?
Aunque las lluvias intensas constituyen el detonante de estos acontecimientos, existen otros factores que pueden agravar sus consecuencias. La acumulación de basura en las calles, la obstrucción de los sistemas de drenaje, las construcciones en zonas vulnerables, la deforestación y la falta de mantenimiento de las infraestructuras pluviales son algunas de las situaciones que aumentan el riesgo de inundaciones.
Ante esta realidad, también resulta necesario cuestionar las iniciativas de prevención implementadas por las autoridades y el compromiso de la ciudadanía con el cuidado del medioambiente. No basta con actuar cuando las inundaciones ya han ocurrido; es necesario fortalecer la planificación, el mantenimiento de los drenajes, la educación ambiental y las medidas de prevención.

Porque cuando las lluvias terminan, las consecuencias permanecen. Las familias que pierden sus pertenencias, las comunidades que quedan incomunicadas y las personas que viven en condiciones de vulnerabilidad son quienes enfrentan las mayores dificultades.
La pregunta, entonces, no debería ser por qué vuelve a llover tanto, sino a qué estamos haciendo como sociedad para evitar que cada temporada de lluvias se convierta nuevamente en una emergencia.

