Las teorías clásicas sobre la formación de planetas sostienen que solo las estrellas más grandes y masivas pueden generar planetas gigantes, debido a la gran cantidad de gas y polvo que acumulan a su alrededor. Sin embargo, un descubrimiento reciente ha puesto en jaque esa noción: un equipo internacional de astrónomos ha detectado un planeta gigante gaseoso orbitando una estrella enana extremadamente pequeña, lo que representa un desafío directo a los modelos actuales de formación planetaria.
El exoplaneta, denominado TOI-6894b, orbita una estrella llamada TOI-6894, que tiene apenas el 20 % de la masa del Sol. El hallazgo ha sido publicado este lunes en la revista Nature Astronomy y forma parte de un ambicioso proyecto de investigación basado en los datos del satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) de la NASA, dedicado a la búsqueda de exoplanetas mediante el método de tránsito.
Un planeta en el límite de lo que creíamos posible
TOI-6894b es un planeta gaseoso de baja densidad, con un radio ligeramente superior al de Saturno, pero con aproximadamente la mitad de su masa. Su composición y características lo convierten en uno de los planetas más extremos descubiertos alrededor de estrellas de muy baja masa.
La estrella anfitriona, TOI-6894, es ahora la estrella de menor masa en la que se ha detectado un planeta gigante en tránsito. Según los investigadores, su masa es tan baja que tiene un 60 % menos tamaño que la estrella más pequeña conocida hasta ahora con un planeta similar, lo que convierte al sistema en un caso excepcional.
Contribución española al descubrimiento
El Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, ha tenido una participación destacada en este hallazgo. Utilizando el telescopio de 1,5 metros del Observatorio de Sierra Nevada (OSN), el equipo español contribuyó con observaciones clave en distintas bandas de luz, en colaboración con observatorios de otros países.
Francisco José Pozuelos, investigador del IAA-CSIC, ha explicado que TOI-6894b es uno de los planetas gigantes más extremos jamás detectados en un entorno de este tipo, y que el descubrimiento demuestra que la naturaleza encuentra maneras inesperadas de formar mundos gigantes, incluso en condiciones que antes se consideraban imposibles.
«No es el primer planeta gigante hallado junto a una estrella enana, pero sí uno de los casos más extremos y desconcertantes que conocemos. Este hallazgo empuja los límites de lo que creíamos posible en la formación planetaria», destacó Pozuelos en declaraciones a la agencia EFE.
Un laboratorio natural para estudiar atmósferas frías
Una de las características más llamativas del planeta es su baja temperatura atmosférica, que ronda los 140 °C, notablemente inferior a la de otros exoplanetas gaseosos de tamaño similar, que suelen superar los 700 °C. Esta particularidad lo convierte en uno de los mejores candidatos para el estudio de atmósferas frías en exoplanetas.
Los científicos creen que podrían detectarse en su atmósfera compuestos como metano y amoniaco, lo cual sería un hito, ya que el amoniaco nunca ha sido observado en la atmósfera de un exoplaneta. Por esa razón, TOI-6894b ha sido seleccionado como objetivo prioritario para futuras observaciones con el telescopio espacial James Webb (JWST).
“Este planeta puede convertirse en una referencia clave para entender atmósferas dominadas por metano, ricas en carbono, nitrógeno y oxígeno, más allá del Sistema Solar”, han subrayado los investigadores.
¿Contradicción con el modelo del Sistema Solar?
Aunque el hallazgo no contradice directamente las teorías sobre la formación del Sistema Solar, sí plantea importantes desafíos a los modelos estándar, al evidenciar que la formación de planetas gigantes puede ocurrir en entornos mucho más extremos y limitados en recursos que el entorno del Sol.
“Esto no refuta lo que sabemos sobre el origen del Sistema Solar, pero sí exige ajustar nuestros modelos para que puedan explicar estos casos atípicos, lo que a su vez amplía nuestra comprensión de la diversidad planetaria en la galaxia”, concluye Pozuelos.
Con miles de estrellas observadas por TESS desde su lanzamiento en 2018 —más de 90.000 de ellas estrellas enanas de baja masa—, los astrónomos confían en que este descubrimiento marque el comienzo de una nueva etapa en la exploración de exoplanetas, donde los mundos gigantes pueden aparecer en los lugares más inesperados.



