Sobrevivientes de Masacre en un Pequeño Pueblo Haitiano Acusan al Gobierno
Bajo la oscuridad de la noche, decenas de pandilleros se acercaron sigilosamente al pequeño pueblo de Pont-Sondé, en el centro de Haití, armados con cuchillos y fusiles de asalto mientras las familias dormían.
La pandilla había llegado de la cercana Savien en vehículos que abandonaron a mitad del camino, utilizando canoas para el resto del trayecto con el fin de no hacer ruido.
Los disparos y los gritos despertaron al pueblo. Los que no fueron abatidos a balazos fueron apuñalados. El fuego envolvió las casas.
“Trataron de matarnos a todos”, relató una sobreviviente, Jina Joseph.
La pandilla Gran Grif mató a bebés, madres jóvenes, personas mayores y familias enteras, enojada porque un grupo de autodefensa había tratado de limitar su actividad en Pont-Sondé y le había impedido ganar dinero con un puesto de control improvisado en una vía local.
Los pandilleros huyeron a pie por unos arrozales cercanos tras el ataque del pasado jueves, dejando más de 70 cuerpos arrojados por el pueblo.
Esta es la peor masacre en la otrora pacífica región central de Haití en años recientes. Miles de personas enfrentan ahora un futuro incierto, sin empleo, vivienda o familia.
Jameson Fermilus, quien se escondió en un corredor junto a su casa mientras los disparos y el humo llenaban el aire, se unió a más de 6,000 sobrevivientes que caminaron durante horas en busca de refugio. “No sabemos qué vamos a hacer”, dijo otro sobreviviente, Sonise Morino, de 60 años. “No tenemos a dónde ir”.
Hambrientos, Sedientos y Sin Vivienda
Miles de sobrevivientes caminaron hacia el oeste, hacia la ciudad costera de Saint-Marc. Días después de la masacre, una multitud de hombres, mujeres y niños se aglomeró alrededor de un buen samaritano que se alzó sobre su carro, repartiendo comida y bebida.
Las personas ahora sin techo recurrieron a una iglesia, una escuela o una plaza pública cubierta de árboles. Los afortunados que recibieron comida se sentaron en la acera para comer. Por la noche, se acostaron en pisos de cemento para intentar dormir. “Estas muertes son inimaginables”, dijo la alcaldesa Myriam Fièvre al reunirse con los sobrevivientes.
La mayoría de las 6,270 personas que quedaron sin techo han encontrado alojamiento con familiares que viven cerca, según la Organización Internacional para las Migraciones. Sin embargo, más de 750 personas no tienen a dónde ir, sumándose a las más de 700,000 que ya estaban sin hogar debido a la violencia de las pandillas en todo Haití.
Dentro de una escuela convertida en albergue temporal, una mujer se apoyaba en una pizarra, acariciando suavemente a su bebé en la espalda y mirando fijamente a la distancia.
Un Tragedia Impensable
Masacres de tal magnitud eran antes impensables en la región central de Haití, a pesar del reciente aumento de la violencia de las pandillas. Hasta ahora, tales matanzas solo se reportaban en la capital, Puerto Príncipe, de la cual un 80% está bajo control de las pandillas.
Pero las cosas cambiaron cuando el exlegislador Prophane Victor comenzó a armar a hombres jóvenes hace casi una década para asegurarse la elección y controlar el área. Esto llevó a la creación de la pandilla Gran Grif, que controla Savien, Pont-Sondé y otros lugares de la región Artibonite, según la ONU.
Victor y el cabecilla de Gran Grif, Luckson Elan, fueron sancionados por Estados Unidos el mes pasado.
Elan también fue sancionado por el Consejo de Seguridad de la ONU, que señaló que Gran Grif es la pandilla “más grande y poderosa” en Artibonite, habiendo perpetrado nueve secuestros masivos entre octubre de 2023 y enero de 2024, incluyendo el secuestro de 157 personas.
Durante ese período, Elan mató a una mujer porque se negó a tener relaciones sexuales con él, según informó la ONU.
Las Pandillas
La pandilla, cuyo nombre se traduce como “Gran Garra”, es también una de las que más incurre en el reclutamiento de menores de edad en Haití, de acuerdo con la ONU.
Gran Grif es uno de al menos 20 grupos criminales que operan en Artibonite, donde se produce gran parte del arroz y otras cosechas de Haití.
Más de 22,000 personas han sido obligadas a huir en los últimos años debido a que hombres armados atacan a campesinos y roban cosechas y animales, según la ONU, que ha calificado de “inadecuada e inconsistente” la respuesta de las autoridades.
En una entrevista el lunes, Romain Le Cour, experto sénior en Haití para la Global Initiative Against Transnational Organized Crime, expresó su preocupación por los efectos que la masacre de la semana pasada podría tener en otras pandillas, a pesar de una nueva misión con respaldo de la ONU que opera en Haití.
“Lo que han hecho es enviar un mensaje: que son más poderosos que los demás y que están dispuestos a usar la fuerza bruta contra la gente para asegurarse de que su poder territorial y su control económico permanezcan intactos”, comentó Le Cour.
Añadió que la Policía Nacional de Haití y la misión liderada por policías kenianos están teniendo dificultades para operar solo en Puerto Príncipe. “Será aún más difícil abrir múltiples frentes de batalla”, estimó. “Es un desafío enorme para el gobierno en estos momentos”.
Desde la masacre, el gobierno haitiano ha desplegado vehículos blindados, policías de élite y equipos médicos a Pont-Sondé y Saint-Marc. El primer ministro Garry Conille visitó el único hospital de la zona, ahora abrumado por las personas heridas en la matanza.
El lunes por la mañana, la policía seguía intentando ingresar a partes de Pont-Sondé mientras los miembros del grupo de autodefensa se negaban a dar declaraciones. La calle principal, normalmente atestada, estaba casi vacía. Se escuchaban disparos a la distancia.



