Siria sufrió este lunes uno de sus peores atentados desde el derrocamiento del presidente Bachar al Asad el pasado 8 de diciembre por la explosión de un coche bomba en la ciudad de Manbech, en el norte de Siria, que causó la muerte de al menos 20 personas, la gran mayoría mujeres trabajadoras en el sector agrícola.
Las víctimas viajaban en una camioneta cerca de la cual un coche bomba explotó. El suceso ocurrió en una carretera de Manbech, situada al este de la ciudad de Alepo y controlada por rebeldes sirios proturcos, escenario de frecuentes enfrentamientos entre la alianza liderada por kurdosirios Fuerzas de Siria Democrática (FSD) y las facciones respaldadas por Ankara.
La gran mayoría de las víctimas eran mujeres, aunque también murieron tres niños y un hombre, según la organización.
«Cada víctima tiene una familia y sueños. No son sólo números. Su camino en busca de una vida se convirtió en muerte y heridas. Se debe lograr justicia para ellos y los perpetradores de este crimen deben rendir cuentas», indicaron los cascos blancos.
La presidencia siria indicó que «este crimen no pasará sin imponer los castigos más duros a sus responsables para que sean un ejemplo a todos los que piensan en jugar con la seguridad de Siria o hacer daño a su pueblo».
Sin embargo, hasta el momento ningún grupo ha reivindicado la autoría de este ataque.
De hecho, las FSD, una alianza respaldada por EE.UU., negaron cualquier vinculación con la explosión en Manbech y tildaron este ataque como «terrorista».



