Apreciado y amable lector, sin entrar en disquisiciones filosóficas interminables, le diremos que existe consenso en que lo fundamental en cualquier transformación es mantener aquello que ha dejado demostrado que funciona, y cambiar lo que no.
Sin embargo, debemos tener mucho cuidado con los cambios, debido a que estos deben ser para mejorar como personas en lo individual, y que también los cambios colectivos que nos lleguen de instituciones con la autoridad para hacerlos, sean para beneficio de la comunidad de que se trate, o sea, que no se conviertan en un retroceso.
Por ejemplo, todos sabemos que en nuestra ciudad capital los taponamientos del tránsito son verdaderamente infernales. Y que a esos «tapones» contribuían los camiones recolectores de basura del Ayuntamiento del Distrito Nacional, debido básicamente a que salían a hacer su labor, precisamente en las horas cuando los ciudadanos suelen salir a llevar a sus hijos a las escuelas públicas y a los colegios, y luego a sus diferentes empleos u ocupaciones diversas.
Y daba la impresión de que estos energúmenos «gozaban» con ocasionar esos «tapones», porque ante los bocinazos de los que estábamos «atrapados», muchos de ellos respondían haciendo «muecas» desafiantes. Eso provocaba que incluso personas pacíficas, como quien esto escribe, pensasen en decirles todo tipo de palabras impublicables.
Y, por más que usase como autoterapia psicológica, repetir mentalmente el versículo uno del salmo 46 que dice: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». Aún haciendo esto, era plenamente consciente de que no podía controlar la liberación del cortisol, sustancia responsable del estrés.
Y aunque en varias ocasiones cambiase la ruta, siempre me encontraba con ellos. El asunto es que cuando David Collado -con quien no tengo ningún vínculo- estuvo como alcalde, puso en práctica el cambio de horario de recogida de basura. O sea, en lugar de hacerlo en las horas matutinas, dispuso que se hiciese en horas de la madrugada. Y aunque es cierto que los atascos no desaparecieron por completo, sí disminuyeron de manera significativa, e Incluso eso sirvió -aunque pueda parecer cómico-, para que muchos mejorásemos nuestra calidad de vida, debido a que esos berrinches de lunes a viernes, tenían la capacidad de incluso provocar muertes súbitas.



