Una icónica e imperdible pieza artesanal en el ambiente gastronómico navideño, son las “empanadillas de yuca” o “catibías”, una obra de arte con fundamento en la herencia taína que, enamora a los más exigentes paladares, y es un referente obligado, en la mesa dominicana por tradición generacional.
En la gastrocultura dominicana las catibías de mendioca atrapan a decenas de comensales durante todo el año, y es que, sin temor a equívocos, es un bocado que no pasa de moda y, se mantiene en el consumo rutinario de quienes se deleitan en la preparación, al igual que, en la degustación.
La cocina artesanal del campo dominicano y sus comunidades atesora una mezcolanza de sabores con bases en ingredientes y olores que perfuman las más especiales y nostálgicas reuniones. La artesanía culinaria criolla es muy rica y extensa. Los tubérculos y víveres forman parte de las masas necesarias para la elaboración artística, por ejemplo, de los bollos y arepitas de yucas o para elaborar los deliciosos pasteles en hojas.

Un emprendimiento familiar que, con amor y dedicación se ganó un sitial, pues, el proceso de la preparación de las “catibias” requiere de un trabajo mancomunado desde pelar y guayar la yuca, extraer el almidón y convertir esa masa de la yuca, luego, de prensarla y secarla, en el famoso bollo de la yuca en una especie de harina, finalizada en hojuela, a diferencia de la empanada de trigo.
Las “empanadillas de Mamá Morena” se inician pelando 35 libras del tubérculo taíno, la “yuca”, con la guía de doña Ángela y la cooperación familiar de sus hijos, Pío Mercedes y Carminia Severino, quienes, con la experiencia de los años y la costumbre, planifican su producción semanal entre 100 y 150 hojuelas. Siempre y cucando, la demanda, esfuerce a la oferta.
Con más de 30 años en el mercado artesnal de las catibías, Mamá Morena triplica sus ventas en la temporada de Navidad.

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