La geopolítica o el comercio están detrás de la arremetida de Donald Trump contra el canal de Panamá. El presidente electo estadounidense está enviando un mensaje a Latinoamérica de que tiene que alinearse con los intereses de EE.UU. ante la aparentemente inevitable guerra comercial con China, y quizá también presionando una negociación en materia de peajes o para que el país centroamericano acoja migrantes que se dirigen al Norte.
Así entienden analistas consultados por EFE la queja expresada por Trump el fin de semana sobre la «estafa» de las tarifas y la supuesta injerencia de China en la vía interoceánica, por lo que amenazó con exigir que se le «devuelva» a EE.UU. si los funcionarios panameños no actúan en consecuencia.
Estados Unidos es el principal usuario del canal. Lo construyó y administró hasta su traspaso a Panamá el 31 de diciembre de 1999, que se logró gracias a los Tratados Torrijos-Carter de 1977.
La posición del líder republicano no hay que verla desde la óptica de la política tradicional, «hay que entenderla de manera pragmática, como lo han hecho Alemania, Francia, la OTAN», ya que Trump «está tratando a su manera de negociar», dijo a EFE el economista y profesor panameño Eddie Tapiero.
«Tenemos que trabajarlo pragmáticamente, entendiendo la situación, buscando alianzas internacionales», afirma el analista panameño.
El presidente panameño, José Raúl Mulino, ya afirmó que el «canal de Panamá y sus zonas adyacentes es de Panamá y lo seguirá siendo», y que en él no tienen «control directo o indirecto» ni China, ni la Comunidad Europea ni Estados Unidos o de cualquiera otra potencia.



