Todos hemos escuchado el refrán popular que dice “los niños son el futuro de la humanidad”, y todos en algún momento hemos sido conmovidos por algún niño. Sin embargo, la inversión en nuestros niños pudiese ser mejor, sobre todo en lo referente a la inversión que se hace para con nuestras niñas.
Creo firmemente que el desarrollo y buen funcionamiento de cualquier sociedad va de la mano con la inversión que se haga en nuestras niñas. En sentido general, las naciones se benefician de la inversión que se hace en los niños a largo plazo, no obstante, cuando invertimos en nuestras niñas la sociedad se vuelve menos desigual y más justa.
Con miles de millones de niñas en el mundo, la inversión que se hace para con las mismas no es suficiente. Brindarles un medio ambiente que les enriquezca, les priorice y proteja, seguido muy de cerca de una buena educación, atención médica y apoyo emocional ilimitado, el destino de cualquier niña puede cambiar.
A nivel mundial, 121 millones de niños no van a la escuela, más de la mitad de esos niños que no van a las escuelas son niñas. Esa es la realidad en la que vivimos y que muchos ignoran, pues no entienden que invertir en las féminas del mundo da paso al progreso y a la prosperidad, que eventualmente puede medirse en términos económicos y financieros.
Es necesario que nuestras niñas estén equipadas de las herramientas necesarias para aprender, desarrollarse y vivir en el mundo actual en el que nos desenvolvemos, convirtiendo esas niñas de hoy en entes útiles, capaces de hacer contribuciones positivas a la sociedad y llevar una vida plena en el mundo del mañana.
Cuando una niña tiene acceso a educación, las oportunidades de desarrollo, crecimiento y empoderamiento se amplían. A través de la educación las niñas adquieren el conocimiento y las habilidades necesarias para navegar el mundo complejo y demandante en el que vivimos.
Las niñas que reciben una educación, en el futuro, se podrán valer por sí mismas. Las niñas que acceden, en una edad temprana, a esquemas educativos organizados, tienen a romper las cadenas de nuestras sociedades patriarcales hasta convertirse en lideres que orientan y educan a otros seres humanos.
Cuando una niña obtiene un alto grado educativo, la misma es capaz de alcanzar sus sueños y metas, puede dar seguimiento a sus intereses y pasiones, explotando su máximo potencial. Además, las niñas con niveles educativos altos tienden a enfrentar menos violencia doméstica y de género, padecen menos abusos, menos carencias, y en general, menos discriminaciones basadas en género.
Una niña con una buena formación educativa no sólo está equipada para afrontar los desafíos del futuro, sino que también posee el pensamiento crítico, la capacidad de análisis y de innovación, necesarias para impulsar el progreso. Una buena educación da en las niñas conocimientos, habilidades de pensamiento y la capacidad de adaptarse a un mundo en constante cambio.
El acceso a una educación de calidad dota a las niñas de capacidad cognitiva general, competencia socioemocional, creatividad y sentido de responsabilidad cívica, elementos fundamentales para el buen funcionamiento de cualquier sociedad.
La educación en las niñas es poderosa y transformadora, tanto así que garantiza que todas las niñas, independientemente de su lugar de origen, tengan la oportunidad de mejorar su calidad de vida.
Una niña educada goza de mejor salud, mejor alimentación, mejor seguridad, y la misma podrá tomar mejores decisiones en cada aspecto de su vida y la de su familia, por lo que invertir en nuestras niñas significa invertir en nuestro futuro.



