El merengue dominicano atraviesa uno de los períodos más oscuros de su historia reciente. En apenas ocho meses —de julio de 2024 a mayo de 2025—, la nación ha perdido a ocho figuras fundamentales del género, dejando un vacío profundo en la música nacional y en el corazón del pueblo dominicano.
A lo largo de generaciones, estos artistas fueron las voces, los rostros y el ritmo de la alegría colectiva, llevando el merengue a escenarios internacionales, a barrios humildes y a celebraciones de toda índole. Hoy, sus partidas son heridas abiertas para la cultura del país.
2024: Un final de año devastador
Los últimos cuatro meses de 2024 fueron especialmente dolorosos. La escena musical dominicana despidió, en rápida sucesión, a cuatro intérpretes que habían dejado una marca indeleble en distintas vertientes del merengue:
Ray López «El Misil» – 16 de julio
Desde Nueva York, la diáspora lloró la partida de Ray López, carismático cantante que alcanzó la fama con el grupo Zona Roja y éxitos como «Loco y loco». Su estilo electrizante y su característico «cuello de goma» lo hicieron inolvidable. También colaboró con leyendas como Sandy Reyes, Jerry Vargas y Grupo Manía, simbolizando la unión musical entre República Dominicana y Puerto Rico.
Juan Cruz – 18 de agosto
El merengue típico perdió una de sus voces destacadas con la muerte de Juan Cruz, cantante y corista de El Prodigio. Falleció de un infarto, generando pesar en figuras como Fefita La Grande y La India Canela, quienes lo reconocieron como parte esencial de la tradición del merengue rural.
Orlando “Peluche” Alonzo – 30 de septiembre
Vocalista principal de la agrupación El Norte, «Peluche» falleció a los 51 años, también víctima de un infarto. Había trabajado con Joselito Trinidad y con el icónico Wilfrido Vargas, y también incursionó en la actuación. Su simpatía y talento lo convirtieron en una figura muy querida por colegas y fanáticos.
Raffy Matías – 2 de octubre
Conocido como «La voz más dulce del merengue», Raffy Matías dejó un legado de canciones inolvidables como «Quiero saber de ti», «Una hoja en blanco», y «Amor ayúdame». Desde su natal Jarabacoa, cultivó un estilo romántico, ganándose el respeto de la industria y el amor de su audiencia.
2025: Cuatro nuevos golpes al corazón del merengue
El inicio de 2025 trajo consigo otra oleada de pérdidas irreparables, confirmando que el género vive una de sus etapas más trágicas:
Félix Cumbé – 11 de febrero
Nacido en Haití y abrazado por el cariño dominicano, Félix Cumbé fue una figura emblemática del merengue popular, autor de clásicos como «El Gatico», «Fui fuá», y «Eso da pa’ to’». Su vida representó la lucha del migrante, la integración cultural y el poder de la música para trascender fronteras. Falleció tras complicaciones derivadas de un ACV sufrido en 2024.
Diómedes Núñez – 9 de marzo
Trompetista de formación y luego cantante principal del Grupo Mío, Diómedes conquistó al público con temas como «Las estrellas brillarán» y «Aguilucho desde chiquitico». Murió a los 58 años de un infarto. Su historia es la de un artista perseverante, que pasó del anonimato al aplauso con esfuerzo y autenticidad.
Rubby Pérez – 8 de abril
El golpe más devastador fue la muerte de Rubby Pérez, una de las voces más potentes y queridas del merengue. Falleció a los 69 años en el accidente aéreo conocido como “la tragedia del Jet Set”, que cobró la vida de otras 233 personas. Su legado incluye himnos como «Volveré», «Sobreviviré», y «Dame veneno que quiero morir». Su pérdida deja un hueco irremplazable en la música nacional.
Franklin “The Boss” de León – 10 de mayo
El más reciente en partir fue Franklin “The Boss”, joven promesa del merengue romántico y bachatero, quien murió en un accidente automovilístico en Carolina del Norte, a los 44 años. Con temas como «Parece mentira» y «Quiero que seas mi estrella», comenzaba a destacar en una nueva generación de intérpretes.
Un país en duelo, un ritmo que resiste
En apenas ocho meses, la música dominicana ha sufrido una sucesión de duelos que marcan una etapa de luto colectivo. Las voces que se apagaron fueron pilares de distintas épocas, estilos y regiones del merengue, y su ausencia resuena en cada esquina del país.
Sin embargo, como género nacido del alma popular, el merengue no muere. Vive en cada canción que suena en una fiesta, en cada recuerdo, en cada paso de baile improvisado.
Su historia continúa escrita por las nuevas generaciones que heredan una tradición rica, alegre, poderosa. Y aunque el dolor es profundo, el merengue, como la patria misma, se sobrepone, se reinventa y resiste.



