En su intervención en la COP29, el director del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Manuel Otero, destacó el papel crucial de la agricultura como un «instrumento de paz» en el contexto del cambio climático y los desafíos globales. Otero subrayó que, más allá de su función económica, la agricultura tiene un impacto directo en la seguridad alimentaria, la estabilidad social y la sostenibilidad ambiental, aspectos esenciales para construir un futuro pacífico y equitativo para las comunidades más vulnerables.
En un emotivo discurso dirigido a líderes mundiales, expertos y activistas en el evento climático de la ONU, Otero destacó que la agricultura puede jugar un papel fundamental en la resolución de conflictos y en la prevención de crisis humanitarias. Según el director del IICA, al invertir en prácticas agrícolas sostenibles, las naciones pueden no solo mitigar los efectos del cambio climático, sino también promover la cohesión social y la paz a través de la cooperación internacional y la justicia social.
Agricultura como factor de integración y bienestar
En su intervención, Otero resaltó que la agricultura es un puente para la integración y el desarrollo de regiones marginadas, especialmente en áreas rurales, donde el acceso a recursos y el empleo son limitados. «La agricultura no solo alimenta a las poblaciones, sino que también es una herramienta de inclusión social. A través de la agricultura, podemos generar oportunidades para millones de personas, especialmente en países en desarrollo, contribuyendo a la estabilidad y reduciendo las tensiones que podrían desembocar en conflictos», expresó Otero ante los asistentes de la COP29.
El director del IICA también recordó que la agricultura sostenible puede ser una aliada clave en la lucha contra la pobreza, al tiempo que promueve prácticas agrícolas responsables que respeten los límites del planeta. Señaló que los sistemas agroecológicos y la agricultura regenerativa son modelos que no solo protegen el medio ambiente, sino que también mejoran las condiciones de vida de los agricultores, en especial en zonas de posconflicto y en comunidades que han sufrido por desastres naturales y conflictos armados.



