Lograr que el país se convierta en un economista de innovación y emprendimiento.
Una lluvia de oportunidades se ha comenzado a derramar sobre la República Dominicana y los pronósticos son de que se intensificará en los próximos años.
La tendencia del “nearshoring”, que está llevando a muchas empresas a trasladar producción con destino al mercado de Estados Unidos de países lejanos y hostiles a otros cercanos, amigables y con zona horaria semejante, como la República Dominicana, está haciendo que muchos inversionistas estén dirigiendo la mirada a nuestro país.
Ese proceso, que ya estaba en marcha, ha tomado nuevos impulsos ahora con los aumentos arancelarios que ha comenzado a aplicar el gobierno de Trump y que amenaza con extender a muchos países.
Inversionistas están viendo a la República Dominicana como refugio, en el entendido de que por su doble condición de país cercano y aliado de Estados Unidos, no recibirá un trato hostil.
A eso se agrega que la economía ya es vista como una de las estrellas más brillantes de América Latina y el Caribe, con posibilidades incluso de convertirse en la Sirio de la región. A eso ha contribuido, además de la prolongada estabilidad política y de precios, la pérdida de atractivo de otros países de la región, a causa del descuido o abandono de las buenas prácticas.
Ahora bien, las oportunidades están, el reto del país es aprovecharlas. No está demás liberar de los archivos la frase de Abraham Lincoln “Me prepararé y algún día mi oportunidad vendrá”.
Y para aprovechar las oportunidades, el país tiene tres retos: formar a nuestro capital humano en las competencias que demanda hoy el mercado, crear un ecosistema que promueva la innovación e invertir en las infraestructuras para recibir a las nuevas empresas.
De ahí la importancia de lo expresado ayer por el presidente Luis Abinader en su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, al afirmar que “Debemos tener claro que el futuro está en la tecnología de vanguardia y el presente en nuestras aulas”.



