Mientras México enfrenta una disminución en el flujo de remesas provenientes de Estados Unidos, la República Dominicana se destaca como una de las pocas economías de América Latina que continúa registrando un crecimiento sostenido en estos ingresos, clave para la estabilidad financiera y social del país.
La comparación revela un comportamiento dispar en la región ante el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos y las tensiones comerciales que afectan a los principales países receptores de remesas.
Según datos oficiales, las remesas enviadas a México registraron una caída interanual del 2.5 % en el acumulado de los primeros cuatro meses de 2025, totalizando US$19,015 millones. Esta tendencia negativa se acentuó en abril, cuando las transferencias desde el extranjero se desplomaron un 12.1 % respecto al mismo mes del año anterior, alcanzando los US$4,761 millones, de acuerdo con el informe publicado por el Banco de México (Banxico) el pasado lunes 2 de junio.
El retroceso ha sido atribuido, en parte, a la creciente presión migratoria en la frontera sur de Estados Unidos, donde las políticas más restrictivas han generado incertidumbre entre la comunidad migrante. Esta situación ha repercutido directamente en la capacidad de envío de los trabajadores mexicanos en el exterior, especialmente aquellos en situación irregular.
Crecimiento en la República Dominicana
En contraste, la República Dominicana continúa mostrando un comportamiento positivo en la recepción de remesas. Aunque los datos más recientes aún no han sido divulgados oficialmente por el Banco Central dominicano para el cierre de mayo, el país ha mantenido un crecimiento sostenido durante los últimos trimestres, con un incremento superior al 3 % en el primer trimestre de 2025 en comparación con el mismo período del año anterior.
Este flujo constante de divisas, que en su mayoría provienen de la diáspora dominicana en Estados Unidos y Europa, sigue siendo una fuente clave de estabilidad macroeconómica, ayudando a financiar el consumo interno, sostener el tipo de cambio y fortalecer las reservas internacionales.
El contraste entre ambos países pone de relieve no solo el impacto directo de las políticas migratorias y económicas estadounidenses en América Latina, sino también la resiliencia de ciertas comunidades migrantes frente a escenarios de incertidumbre internacional.



