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Cómo China Evolucionó de un País Agrario a un Gigante Económico

Superpotencia Mundial

1 de octubre de 2024
in Cultura, Internacionales
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Cómo China Evolucionó de un País Agrario a un Gigante Económico
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Cuando Mao Zedong llegó al poder en 1949, China estaba sumida en la pobreza y devastada por la guerra. Hoy, al cumplirse 75 años del triunfo de los comunistas, el país es radicalmente diferente: es una potencia mundial de primer orden y aspira a convertirse en la primera economía del globo.

Sin embargo, su «milagro económico», único en la historia, no se debió al «Gran Timonel», sino a una campaña impulsada por otro líder comunista, Deng Xiaoping. Este proceso, denominado «Reforma y apertura», logró sacar a 740 millones de personas de la pobreza, según cifras oficiales. Bajo la idea de un «socialismo con características chinas», Deng rompió con lo establecido e impulsó una serie de reformas económicas, centradas en la agricultura, la liberalización del sector privado, la modernización de la industria y la apertura de China al comercio exterior. Ese camino alejó al país del comunismo de Mao Zedong y supuso una «ruptura de las cadenas» del pasado, en palabras del propio presidente chino, Xi Jinping.

Un País Pobre

El cambio comenzó en 1978. Entonces, China era muy diferente a la nación cuya economía hoy suele compararse a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Era un país empobrecido, con un Producto Interno Bruto (PIB) de 150,000 millones de dólares para sus más de 800 millones de ciudadanos, muy por debajo de los 18 billones de dólares que tuvo en 2022, según cifras de la ONU.

El fundador de la República Popular China, Mao Zedong, había fallecido dos años antes, en 1976, dejando un legado controvertido. Entre sus grandes proyectos se encuentran el Gran Salto Adelante (1958-1962), cuyo objetivo era transformar la economía agraria del país, y que provocó una hambruna por la que murieron al menos 10 millones de personas (hasta 45 millones, según fuentes independientes). También estuvo la Revolución Cultural (1966-1976), la campaña de Mao contra los partidarios del «capitalismo», que dejó entre cientos de miles y varios millones de fallecidos, según diversas fuentes, y paralizó la economía.

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Fue en esa situación de pobreza y hambre cuando Deng Xiaoping, entonces secretario general del gobernante Partido Comunista de China (PCCh), propuso un cambio.

Nueva Fórmula

Deng apostó por las llamadas «cuatro modernizaciones» y por evolucionar hacia una economía en la que el mercado tuviera un protagonismo creciente. Su programa fue ratificado el 18 de diciembre de 1978 por parte del Comité Central del PCCh y en él se situó la modernización económica como principal prioridad.

En los años posteriores, se fueron implementando cambios que entonces se consideraron ambiciosos y que salieron adelante pese a la oposición del ala más conservadora del partido. En el sector agrícola, por ejemplo, se abandonó progresivamente el sistema maoísta de economía rural planificada, lo que permitió incrementar la productividad y sacar a zonas del país de la pobreza, fomentando la migración de mano de obra hacia las ciudades.

También se aflojaron «las cadenas» del sector privado y, por primera vez desde la creación de la República Popular en 1949, el país se abrió a la inversión extranjera. Se crearon zonas económicas especiales, como la de la ciudad de Shenzhen, que sufrió una transformación increíble y hoy en día suele describirse como el «Silicon Valley chino».

Esa apertura al exterior contribuyó a aumentar la capacidad productiva de China y a incorporar nuevos métodos de gestión. Estos cambios llevaron a que, tras un largo proceso, China consiguiera entrar a la Organización Mundial del Comercio en 2001, lo que le abrió definitivamente las puertas a la globalización, que tanto ayudó a su auge económico.

Y es que, en 2008, cuando la crisis financiera mundial estalló y Occidente emprendió la búsqueda de nuevos mercados, China destacó entre todos ellos, lo que le llevó a convertirse en la «fábrica del mundo». Sin embargo, tras su boom económico, Pekín lucha ahora por desprenderse de ese apodo, buscando dejar atrás la manufactura y convertirse en un país caracterizado por la innovación.

¿Y el Cambio Político?

A pesar del éxito económico, las reformas también trajeron consecuencias negativas para el país, como una grave contaminación del aire en la mayoría de sus ciudades y una gran desigualdad. La contaminación ha dejado de ser un problema en muchas ciudades; el país redujo la cantidad de partículas dañinas en el aire en un 40% entre 2013 y 2020, según un informe del Instituto de Política Energética (EPIC) de la Universidad de Chicago.

Varios informes indican que la desigualdad, que alcanzó su nivel más alto en la década de 2000, sufrió una disminución significativa durante la década pasada.

Sin embargo, a pesar de los muchos cambios, persiste un sistema político que es criticado con frecuencia en diversas partes del mundo. Las últimas décadas no han traído ningún cambio al rígido sistema de gobierno de un solo partido en el país. Los críticos denuncian que la «represión» de los derechos humanos va en aumento y que el actual presidente, Xi Jinping, está coartando cada vez más las libertades de la población mientras acumula más poder. En el 74 aniversario de la fundación de la República, en septiembre del año pasado, Xi aseguró que el futuro de China es «brillante» y resaltó cómo el país ha pasado de la pobreza a la prosperidad «en todos los aspectos».

Este discurso fue pronunciado desde el Gran Palacio del Pueblo de Tiananmen, la plaza pequinesa donde el Ejército acabó a la fuerza con las manifestaciones a favor de reformas políticas, dejando un número aún indeterminado de muertes. Ese oscuro capítulo de la historia reciente de China sigue siendo un tabú para los ciudadanos, al igual que cualquier crítica sobre el sistema político.

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