El embajador chino en India, Xu Feihong, lanzó este domingo una firme advertencia al afirmar que la sucesión del Dalai Lama es una prerrogativa exclusiva del gobierno central de Beijing, rechazando cualquier tipo de “interferencia externa” en este proceso. La declaración, publicada en la red social X, coincidió con la celebración del 90º cumpleaños del líder espiritual tibetano, que vive exiliado en Dharamshala, India, desde 1959.
Xu subrayó que el “Gobierno chino administra la reencarnación de los budas vivientes, incluida la del Dalai Lama, conforme a la ley”, y denunció cualquier intento de organizaciones o individuos extranjeros de influir en esta cuestión. Esta posición responde directamente a recientes declaraciones del ministro indio de Asuntos de Minorías, Kiren Rijiju, quien sostuvo que la decisión sobre la reencarnación corresponde “exclusivamente” al propio Dalai Lama y contradice la postura oficial china que considera el Tíbet como parte inalienable de su territorio.
En vísperas de su cumpleaños, el propio Dalai Lama reafirmó que su linaje espiritual continuará y que la fundación Gaden Phodrang Trust, con sede en India, gestionará su reencarnación, desafiando así la intención del régimen chino de imponer un sucesor controlado por Beijing. Además, aseguró que espera vivir “30 o 40 años más”, restando urgencia a cualquier intento de Pekín por acelerar la sucesión.
Las celebraciones por el aniversario se extendieron a India y Nepal, congregando a miles de tibetanos en el exilio, así como a figuras como el actor Richard Gere, conocido defensor de la causa tibetana. En su mensaje, el Dalai Lama insistió en la importancia de la compasión y la paz, y afirmó que enfrentará la muerte con tranquilidad.
Mientras tanto, el gobierno indio mantiene una postura ambigua, calificando la sucesión como “un asunto puramente religioso” y evitando pronunciarse formalmente. Esta disputa sobre el linaje del Dalai Lama se ha convertido en un punto clave en las tensiones entre India y China, sumándose a disputas territoriales y rivalidades estratégicas en la región.
Desde Estados Unidos, el senador Marco Rubio reafirmó el compromiso de su país con la defensa de los derechos humanos en el Tíbet, y el primer ministro Narendra Modi destacó al Dalai Lama como un “símbolo imperecedero de amor, compasión y disciplina moral”.
Para la comunidad tibetana y sus seguidores, la batalla por la sucesión del Dalai Lama no es solo una cuestión religiosa, sino una lucha vital por la autonomía y la identidad frente al control autoritario de China.



