Montería, 7 de julio — Mientras la administración local celebra con bombos y platillos la internacionalización del Aeropuerto Los Garzones, con promesas de conexión global, vuelos a Panamá y “transformación económica”, en las calles de Montería muchos se preguntan: ¿para quién es realmente este progreso?
Con una inversión millonaria en escáneres biométricos, salas de espera internacionales, corredores exclusivos y alianzas con hospitales, el aeropuerto cordobés busca estrenarse en el mapa global antes de finalizar 2025. Sin embargo, el contraste con el entorno urbano y social de Montería no podría ser más evidente.
En las últimas semanas, el escándalo por el posible desalojo del asentamiento Villa Petro, supuestamente por su nombre relacionado con el presidente Gustavo Petro, ha encendido la tensión política local. ¿Cómo se puede hablar de inclusión internacional y desarrollo mientras se amenaza con despojar a los más vulnerables dentro del mismo municipio?
Panamá a menos de una hora, pero sin agua potable a diario
Según cifras recientes, amplias zonas de Montería aún enfrentan deficiencias crónicas en servicios públicos, desempleo y acceso a vivienda digna. Aun así, el gobierno local asegura que con la internacionalización del aeropuerto “se posicionará a Montería como un hub estratégico del Caribe”.
¿Pero no debería primero consolidarse como una ciudad funcional para sus propios ciudadanos?
“Estamos construyendo una visión conjunta que conecta a Montería con el mundo”, dijo el alcalde Hugo Kerguelén. Sin embargo, no mencionó cómo esa visión se integrará con los barrios marginales, la informalidad laboral, la falta de infraestructura escolar o el deterioro de los servicios de salud que viven miles de monterianos.
Más vigilancia para turistas, menos presencia en los barrios
La fase I del proyecto incluye controles de seguridad al nivel de aeropuertos internacionales, con detectores de explosivos, escáneres de rayos X y unidades especiales de Policía Antinarcóticos. Todo esto contrasta con la creciente inseguridad que afecta a sectores populares, donde los ciudadanos denuncian escasa presencia policial y respuesta tardía de las autoridades.
¿Se está blindando el aeropuerto para los visitantes, mientras se deja al margen la seguridad de los ciudadanos de a pie?
“Desarrollo para pocos”, dicen sectores críticos
La oposición política y organizaciones sociales han cuestionado que el aeropuerto se convierta en una “isla de primer mundo” dentro de una ciudad con múltiples brechas sociales sin resolver.
“El desarrollo aeroportuario es positivo, pero no puede ser un maquillaje mientras se ignoran realidades estructurales como el déficit habitacional, la informalidad laboral y la falta de oportunidades educativas”, declaró un vocero del colectivo cívico Montería Justa.
Además, persiste la duda de quiénes se beneficiarán realmente de las conexiones con Panamá. ¿Acaso empresarios, inversionistas y turistas de paso? ¿O habrá políticas reales para que los microempresarios locales, los estudiantes, y los sectores populares puedan participar de esa prometida “internacionalización”?
Conclusión: aeropuerto internacional, ciudad excluyente
Mientras las obras avanzan y los discursos se multiplican, Montería enfrenta el dilema de construir hacia afuera mientras descuida lo que está dentro. El Aeropuerto Los Garzones podría convertirse en un símbolo de modernización… o en el reflejo más claro de un modelo desigual: uno donde la globalización llega por la pista, pero deja en tierra a la mayoría.



