Hace unos meses visité una exhibición de arte en Nueva York titulada «Maestros and the Machines» (Los maestros y las máquinas), obras maestras reinterpretadas a través del prisma de la tecnología, en The Mercer Labs.
Me llevó a recordar un artículo de The New York Times que leí en 2008 sobre el surgimiento del NanoArt como una nueva disciplina artística situada entre el arte, la ciencia y la tecnología.
Un reflejo de la evolución de nuestros tiempos y de cómo el arte ya no se limitaría a formatos como el lienzo y la escultura, sino que se convertiría también en una experiencia sensorial generada por la tecnología. Un nuevo pincel en manos humanas.
La exposición multimedia inmersiva incluye música de Wolfgang Amadeus Mozart, pinturas y dibujos de Leonardo da Vinci y grabados de Katsushika Hokusai, entre otros.
Su propuesta cuestiona la esencia misma del arte y su relación con el tiempo. En una ejecución admirable, invita a reimaginar qué habrían creado icónicos artistas del pasado si hubieran tenido acceso a la tecnología moderna.



