Los cacerolazos continúan por tercer día consecutivo en la República Dominicana, con manifestaciones que se han extendido a diversos sectores de Santo Domingo y otras localidades.
Vecinos de Manoguayabo, Alma Rosa y Gazcue se sumaron a la protesta, haciendo resonar ollas, tapas y utensilios de cocina desde sus hogares y calles, en señal de rechazo y reclamo ciudadano. El ambiente se mantiene cargado de energía y persistencia, con la participación de familias, jóvenes y adultos que buscan visibilizar sus demandas.
El sonido metálico de los cacerolazos se ha convertido en símbolo de resistencia pacífica, generando un eco que se multiplica en barrios y avenidas. Testigos señalan que la protesta se intensifica al caer la noche, cuando las comunidades se unen en un mismo clamor.
Las autoridades han reconocido el impacto de estas manifestaciones en la vida cotidiana, mientras los organizadores insisten en que la presión social continuará hasta que se atiendan los reclamos planteados.

