El concepto de «cisne negro», acuñado por el analista Nassim Nicholas Taleb en su libro homónimo, define a un suceso impredecible de impacto masivo que, una vez ocurrido, solemos intentar explicar como si hubiera sido lógico y previsible desde el principio. Aplicar esta idea a eventos que rompen con la normalidad establecida nos obliga a cuestionar si lo que presenciamos fue realmente una sorpresa inexplicable o, por el contrario, el resultado previsible de un guion oculto.
Indudablemente, lo ocurrido en la audiencia del viernes pasado, donde fueron favorecidos con un no ha lugar el ex candidato presidencial del PLD, Gonzalo Castillo, José Ramón Peralta y el hijo de Donald Guerrero, es, viéndolo desde la óptica de la justicia de las operaciones y el control que ha ejercido el Ministerio Público sobre estos expedientes, una decisión que invita al análisis. Ante esto, surge una interrogante ineludible: ¿es esta decisión un cisne negro?
No cabe duda de que esta resolución comenzó a escribirse hace meses, desde la publicación de encuestas que favorecían al Partido de la Liberación Dominicana hasta el convencimiento, por parte de Gonzalo, de que debía aspirar nuevamente a la silla presidencial. Por otro lado, el hecho de que varios funcionarios del partido oficialista ya hablen abiertamente de una alianza con el otrora enemigo demuestra que, de cara al 2028, nadie tiene la victoria asegurada y nadie gana sin el apoyo del PLD.
Colocar a Gonzalo Castillo, un alfil de Danilo Medina, como candidato del PLD dificulta una alianza con la Fuerza del Pueblo de Leonel Fernández. Es necesario recordar que la salida del León de su viejo partido se fundamentó en la denuncia de un fraude a favor de Castillo, lo que le permitió escindirse, formar una organización de dueño único y apoyar al PRM en 2020 para destruir las altas posibilidades que tenía el candidato peledeísta, incluso hasta la suspensión de las elecciones.
El compromiso es tal que la decisión excluye del juzgamiento a José Ramón Peralta, uno de los hombres de mayor confianza de Danilo Medina, posicionando al PLD en condiciones reales de competir. Otro elemento clave es la exclusión del hijo de Donald Guerrero, lo cual resta presión al caso y permite que el proceso se concentre en el actor de mayor peso, facilitando así una futura absolución por razones técnicas.
Sin duda alguna, la jueza firmará esa resolución, pero ese no ha lugar lo escribió el poder, desde la génesis del documento hasta la última línea. Es interesante el rol de la embajadora de los Estados Unidos en X, quien ha tenido un papel muy activo recientemente al señalar que las visas se utilizaron como mecanismo de política en la República Dominicana. Es decir, se tramaba desde el poder que el retiro del visado fuera un instrumento de exclusión social y sanción moral. El día de la decisión, al parecer, quien debía leer el documento, cuyo contenido ya dictaba el poder, sintió que necesitaba un respaldo, incluso del Big Brother, y surgió esa publicación que no solo impactó, sino que retrasó la lectura. ¿Será que a la decisión le faltaba esa última coma?
Todos los que observamos con ojos críticos lo sucedido desde 2020 nos hemos percatado del derrotero de aquellos que hablaban de un compromiso histórico contra la corrupción y que, en realidad, solo fueron dagas afiladas del poder político. Hoy, estupefactos, se ven frente al hecho de que la clase política los utilizó para luego desecharlos cuando sus intereses cambiaron.
En ese sentido, la decisión marca el inicio del regreso de la marca PLD. En los próximos días veremos a muchos regresar, diciendo como el hijo pródigo: no estaba muerto, estaba de parranda. Se avecinan justificaciones como lo exige la coyuntura, en política no hay nada escrito o los enemigos de ayer son los amigos de hoy. Pero quienes quedarán al margen, desacreditados y mermados, serán aquellos que se embriagaron con el elixir del poder, dañaron familias y reputaciones, apresaron a madres e hijos sin contemplación, ejerciendo una justicia selectiva.
Hoy recordamos cómo Wilson Camacho señalaba a Ángel Rondón como el hombre del maletín y a Gonzalo y Peralta como manejadores de dinero para campaña. Ante la realidad pasada y el presente, solo les queda la retórica. El poder acusó cuando quiso y absolvió cuando le convino; en el medio quedaron los speakers del oficialismo, que no entendieron su rol y se dejaron llevar por el momento.
La realidad es que Yeni Berenice dejó los casos de corrupción en manos de quienes no entienden el juego. Mientras ella inaugura oficinas y pronuncia discursos con la vista puesta más allá de la PGR, otros todavía se dejan arrastrar por una ola que ha perdido fuerza, porque hoy quienes eran enemigos mañana serán aliados, y conviene exculparlos en busca de objetivos políticos claros.
Lo del viernes pasado no fue un cisne negro; es la muestra de que, en política, los enemigos son temporales y, cuando conviene, esos mismos actores se unen para ser nuevamente elegidos o retener el poder.
Shesnel Alejandro Calcaño Mena



