El fenómeno, que alcanzó la categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, se desplazó con una fuerza inusitada durante varios días, afectando a miles de familias y poniendo a prueba los sistemas de emergencia de la región.
En Haití, país que aún se recupera de crisis humanitarias previas, Melissa provocó un escenario desolador. Las intensas lluvias destruyeron viviendas, carreteras y puentes, mientras los deslaves arrasaron comunidades enteras en las zonas montañosas del sur y el oeste. Las autoridades haitianas reportaron decenas de fallecidos, centenares de heridos y más de 20 mil desplazados, que ahora se refugian en escuelas, iglesias y centros comunitarios. La falta de acceso a agua potable y alimentos agrava la situación, mientras organismos internacionales y grupos de ayuda intentan movilizar recursos de emergencia.
En Jamaica, el huracán azotó con una combinación de vientos superiores a los 200 kilómetros por hora y olas de hasta seis metros de altura. Las costas de Kingston y Montego Bay fueron severamente golpeadas, dejando barcos destruidos y zonas turísticas anegadas. A pesar de la preparación previa y las evacuaciones masivas ordenadas por el Gobierno, los daños a la infraestructura eléctrica y a las plantaciones agrícolas son considerables. El primer ministro jamaiquino, Andrew Holness, declaró el estado de emergencia y aseguró que la prioridad es restablecer los servicios básicos y garantizar la seguridad de los ciudadanos.
En Cuba, Melissa impactó principalmente la región oriental, donde las fuertes lluvias causaron desbordamientos de ríos y cortes en las principales vías de comunicación. Santiago de Cuba y Guantánamo registraron serias inundaciones, mientras el sistema eléctrico nacional sufrió apagones en gran parte de la isla. Brigadas del ejército y de defensa civil se mantienen desplegadas para rescatar a personas atrapadas y asistir a comunidades aisladas. El presidente Miguel Díaz-Canel expresó que la reconstrucción requerirá un esfuerzo conjunto y pidió solidaridad internacional para enfrentar los efectos del desastre.
El Centro Nacional de Huracanes (NHC) informó que, aunque Melissa ha perdido fuerza al internarse en el Atlántico, continúa siendo una amenaza por las lluvias residuales y las marejadas que pueden provocar inundaciones costeras en otras zonas del Caribe. Además, los meteorólogos advierten que el cambio climático está intensificando la frecuencia y potencia de los huracanes, convirtiendo a fenómenos como Melissa en un desafío cada vez mayor para los países insulares de la región.
La comunidad internacional ya ha comenzado a responder. Naciones Unidas, la Cruz Roja y varios gobiernos latinoamericanos han anunciado el envío de ayuda humanitaria, alimentos, medicinas y equipos de rescate. Mientras tanto, los tres países más golpeados intentan evaluar el alcance total de los daños y organizar la recuperación.



