Las personas que perdieron la vida han sido identificadas como:
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Elvis Antonio Martínez Rodríguez (26 años)
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Julio Alberto Gómez (28 años)
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José Vladimir Valerio Estévez (25 años), barbero reconocido en la zona
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Edward Bernardo Peña Rodríguez (35 años)
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Carlos Enrique Guzmán Navarro, alias “Charly” o “Charli Chasc” (40 años)
Los familiares han negado cualquier vínculo de sus seres queridos con actos delictivos, descartando la versión institucional de que hubo un intercambio de disparos. Puntos cuestionados son la ausencia de heridos policiales reportados, y la supuesta sustracción de cámaras de seguridad, celulares y otros elementos que podrían servir como evidencia.
Qué dicen las autoridades
El Ministerio Público, mediante el procurador adjunto Wilson Camacho, ha declarado que las pruebas apuntan a que las muertes fueron una ejecución extrajudicial. Se han recabado informes forenses, balísticos y de toxicología que, según el expediente, revelan que las víctimas no dispararon armas, no presentaban sustancias ilícitas, y los proyectiles corresponden a armas de reglamento policial.
Se acusa además a once agentes de la Policía Nacional por asociación de malhechores y homicidio voluntario. El Ministerio Público ha solicitado prisión preventiva de 18 meses para los imputados y que el caso sea declarado como “complejo”.
Reclamo de los familiares
Los familiares claman verdad, justicia y responsabilidad. Se sienten indignados por lo que estiman es una violación del derecho a la protección de la vida, por el uso excesivo de la fuerza y por la posible obstrucción de evidencias que puede entorpecer la investigación.
Los familiares, junto a la sociedad en general, esperan que:
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El proceso judicial avance con celeridad y con todas las garantías de transparencia.
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La justicia condene a los responsables si se comprueba su culpabilidad, sin exenciones por su condición de agentes del Estado.
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Que el Estado garantice reparaciones simbólicas y materiales para las familias de las víctimas, como reconocimiento del daño irreparable sufrido.
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Que esto sirva como punto de inflexión para revisar procedimientos policiales, protocolos de uso de la fuerza y mecanismos de rendición de cuentas en la Policía Nacional.
Conclusión
El caso La Barranquita ha conmocionado a la ciudadanía dominicana. No solo por la magnitud del hecho —cinco vidas jóvenes perdidas— sino por las dudas persistentes sobre lo que realmente ocurrió. La exigencia de justicia que expresan los familiares es legítima, urgente y necesaria: no basta con investigaciones de fachada o declaraciones políticas; lo que demandan es verdad, responsabilidad, reparación y transformación institucional. Solo así podrá restaurarse la confianza y evitar que la memoria de quienes han muerto en circunstancias tan debatidas quede sin justicia.



