La Selección Mexicana de Futbol vive una etapa donde la mediocridad se ha normalizado. La exigencia se diluye, el análisis se ausenta, y la autocomplacencia se convierte en estrategia. El discurso oficial: «le estamos dando a la gente lo que quiere ver». Así lo afirmó Javier Aguirre luego de una deslucida victoria 1-0 ante Honduras, una selección ubicada en el lugar 75 del ranking FIFA.
Según el ‘Vasco’, los aficionados se fueron del estadio en California “orgullosos” de su equipo, al punto de que irán “más animados” a trabajar. Pero esas palabras suenan a un discurso populista, complaciente y completamente desconectado de la realidad del Tricolor.
Un equipo sin rumbo
México está disputando la Copa Oro, un torneo sin mayor exigencia y, aun así, el equipo ha sido incapaz de mostrar fútbol de calidad. No hay estilo, ni identidad, ni claridad táctica. A pesar de contar con sus «europeos» y las figuras de la Liga MX, el conjunto nacional transmite poco y convence menos.
Lo más destacado en el partido contra Honduras fue Gilberto Mora, un joven de 16 años que mostró desparpajo, atrevimiento y, sobre todo, talento. Que un adolescente se robe los reflectores en una plantilla plagada de nombres supuestamente consolidados habla más de la pobreza del entorno que de una planeación exitosa.
Ganar “como sea” no basta
Aguirre insiste en que lo importante es ganar. Y sí, México está en la final de la Copa Oro. Pero, ¿de qué sirve el resultado si el proceso es desalentador? Pensar en el Mundial 2026 sin una base futbolística sólida es construir sobre arena.
El problema de fondo es estructural: la Selección Mexicana juega sin idea, sin propósito, sin proyecto. Lo de Aguirre —un entrenador respetado, con experiencia— luce como un apagafuegos, más preocupado por el marcador que por formar un equipo competitivo de verdad.
Un discurso que no convence
Resulta extraño ver al ‘Vasco’ abrazando un discurso populachero, vendiendo la idea de que un gol raquítico ante un rival débil puede inflar el pecho del aficionado. No se puede engañar a todos todo el tiempo. A nadie le enorgullece ganar sin jugar bien, y menos en una región como la Concacaf, cuyo nivel es cuestionable cuando se compara con potencias reales.
México necesita más que coraje y declaraciones reconfortantes. Necesita fútbol. Necesita ideas. Necesita un futuro.



