Del Monte Foods, una de las compañías alimenticias más antiguas y reconocidas de Estados Unidos, se acogió voluntariamente al Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, en un intento por reestructurar sus operaciones y encontrar un comprador que le permita asegurar su viabilidad futura. Fundada en 1886 y con una historia de 138 años, la empresa es ampliamente conocida por su línea de frutas y verduras enlatadas, además de marcas emblemáticas como Contadina y College Inn.
El anuncio se hizo público la noche del martes mediante un comunicado oficial. En él, Greg Longstreet, presidente y director ejecutivo de Del Monte Foods, explicó que la decisión se tomó tras un análisis profundo de todas las alternativas disponibles. “Concluimos que una venta supervisada por la corte era la mejor estrategia para acelerar nuestra recuperación financiera y construir una Del Monte más fuerte y sostenible”, afirmó.
Como parte del proceso de reestructuración, la compañía indicó que ha asegurado una financiación de 912,5 millones de dólares, lo que le permitirá mantener su operatividad durante el procedimiento legal. Este respaldo financiero es especialmente crucial en el inicio de la temporada alta de producción y enlatado. Según los documentos presentados ante la corte, Del Monte reporta pasivos que oscilan entre los 1.000 y los 10.000 millones de dólares.
Un entorno adverso y un cambio en los hábitos de consumo
La declaración de bancarrota de Del Monte ocurre en medio de un contexto económico complejo, marcado por una inflación persistente, una desaceleración del consumo y una transformación significativa en las preferencias alimenticias de los consumidores. Sarah Foss, directora global de análisis legal y reestructuración de Debtwire, explicó que la empresa enfrenta dificultades relacionadas con un exceso de inventario, acumulado a medida que la demanda de sus productos disminuía. Para contrarrestarlo, Del Monte ha tenido que intensificar las promociones, lo que ha erosionado aún más sus márgenes.
Foss agregó que los consumidores han optado progresivamente por alternativas más frescas y saludables, dejando de lado productos enlatados que contienen conservadores. Esta tendencia se ha visto acentuada por la preferencia por marcas propias más económicas, lo que ha afectado la participación de mercado de firmas tradicionales como Del Monte.
Una marca histórica que lucha por adaptarse
Del Monte no es una empresa cualquiera dentro del sector alimenticio. Inició operaciones en el siglo XIX y, para 1909, ya operaba la que entonces era la mayor planta de enlatado de frutas y verduras del mundo, ubicada en San Francisco. A lo largo de su historia, sus productos se han mantenido como elementos comunes en la cocina estadounidense, siendo sinónimo de confiabilidad y tradición.
Sin embargo, la competencia feroz en los supermercados, el cambio en la percepción sobre los alimentos procesados y el incremento de los costos operativos han puesto a la empresa en una posición crítica. Aun así, la dirección de la compañía asegura que, con una estructura de capital más sólida, una financiación renovada y nuevos propietarios, el futuro de Del Monte puede reencaminarse.
Por ahora, la empresa continuará sus operaciones mientras avanza el proceso de venta. Desde la dirección corporativa insisten en que el compromiso con la calidad y el servicio al consumidor seguirá siendo prioritario. La industria y los consumidores estarán atentos al destino de una marca que, por más de un siglo, ha estado presente en millones de hogares.



