Kevin De Bruyne cierra un capítulo dorado en el Manchester City y abre una nueva era en el Nápoles
Tras una década iluminando el centro del campo del Manchester City con su visión magistral, su inteligencia táctica y una zurda capaz de cambiar el destino de un partido, Kevin De Bruyne ha puesto fin a su gloriosa etapa en el conjunto de los «citizens». Sin una oferta de renovación sobre la mesa y tras una temporada lastrada por las lesiones, el astro belga decidió buscar nuevos horizontes, pero su salida estuvo lejos de ser un simple adiós.
De acuerdo con una revelación exclusiva de The Athletic, antes de sellar su fichaje por el Nápoles, De Bruyne contempló un movimiento que habría sacudido los cimientos del fútbol inglés: vestirse de rojo y fichar por el Liverpool, el eterno rival del City. Aunque las conversaciones fueron breves y no derivaron en una propuesta concreta, el solo hecho de que existiera ese acercamiento provocó conmoción en la Premier League. De Bruyne, quien de niño era seguidor del Liverpool y admiraba a Michael Owen, llegó a plantearse continuar su carrera en Inglaterra, motivado por el arraigo de su familia en el noroeste del país, donde nacieron sus tres hijos.
En medio de este escenario de reflexión y especulación, tampoco faltaron pretendientes de peso desde el otro lado del Atlántico. Equipos como Inter Miami y Chicago Fire pusieron sobre la mesa ofertas multimillonarias para atraerlo a la Major League Soccer. Chicago, en particular, le sedujo con un centro de alto rendimiento valorado en 100 millones de dólares, un estadio futurista en construcción y un ambicioso proyecto liderado por Gregg Berhalter. Sin embargo, el belga, movido más por la ambición deportiva que por las cifras astronómicas, priorizó la élite competitiva sobre el confort económico.
Finalmente, la llamada del actual campeón de Italia fue irresistible. El Nápoles, revitalizado por su reciente título en la Serie A, logró convencer al centrocampista gracias a un ambicioso proyecto encabezado por Antonio Conte, la oportunidad de disputar la Champions League y la influencia clave de sus compatriotas Romelu Lukaku y Dries Mertens, quienes le alentaron a unirse al equipo del sur de Italia.
Pero esta decisión también fue una declaración de principios. Como él mismo confesó: “No recibí ninguna oferta durante todo el año. Simplemente tomaron la decisión, y ya está. Me sorprendió, pero todavía creo que puedo rendir al más alto nivel”. Estas palabras, cargadas de orgullo y determinación, dejaron entrever su descontento con la dirección del City y su deseo de demostrar que aún no ha dicho su última palabra en el fútbol europeo.
El Manchester City, consciente de la magnitud del legado que dejaba atrás, no escatimó en homenajes: un emotivo mosaico, una calle con su nombre en la ciudad deportiva y el anuncio de una estatua para inmortalizar su figura. Con 108 goles, 170 asistencias y 15 títulos en su haber, Kevin De Bruyne se marcha como una leyenda viva, uno de los grandes emblemas en la historia del club mancuniano.
Ahora, con 33 años y aún lleno de ambición, inicia una nueva etapa en el Nápoles, decidido a demostrar que su magia no se apaga, que su fútbol sigue latiendo con fuerza y que aún tiene capítulos memorables por escribir en su extraordinaria carrera.



