Más de 56,000 palestinos han muerto en Gaza por la ofensiva israelí desde octubre de 2023: una crisis humanitaria sin precedentes
La guerra que se desató en la Franja de Gaza tras los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023 ha dejado una devastadora cifra de más de 56,000 palestinos muertos, según el último reporte del Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás. Esta alarmante cifra refleja un conflicto de proporciones catastróficas, que ha sumido a la población civil en una crisis humanitaria sin precedentes.
El informe diario publicado este martes señala que solo en las últimas 24 horas, 79 personas perdieron la vida —incluidos cinco cuerpos recuperados de entre los escombros— y 289 resultaron heridas, lo que eleva el total de víctimas mortales a 56,077 y de heridos a 131,848 desde el inicio del conflicto. Cabe destacar que estas estadísticas corresponden únicamente a muertes registradas en hospitales, sin incluir las pérdidas causadas por el hambre, las enfermedades o las condiciones deplorables provocadas por el bloqueo y la constante violencia.
Lo más desgarrador es que aproximadamente un tercio de los fallecidos —más de 17,100 niños— son menores de edad, una tragedia que resalta la vulnerabilidad extrema de la población civil en Gaza y el impacto desproporcionado que tiene la guerra sobre los inocentes.
Además, desde finales de mayo, cuando la Fundación Humanitaria para Gaza (GHF), apoyada por Israel y Estados Unidos, comenzó a distribuir ayuda cerca de zonas militarizadas israelíes, más de 500 personas han sido asesinadas en esos puntos de distribución debido a ataques israelíes. Esto ha generado una grave polémica y condena internacional, pues la ayuda humanitaria debería protegerse bajo el derecho internacional.
El martes en curso, al menos 28 palestinos murieron mientras aguardaban recibir alimentos cerca del Corredor de Netzarim, uno de los sectores más militarizados de Gaza. Los hospitales locales como Al Awda, Mártires de Al Aqsa y Shifa atendieron decenas de heridos y recibieron los cuerpos de las víctimas, evidenciando la constante precariedad en la que viven miles de civiles.
La Oficina de Derechos Humanos de la ONU, en un contundente pronunciamiento desde Ginebra, denunció que desde finales de mayo más de 410 palestinos han sido abatidos por el ejército israelí en zonas de distribución de alimentos de la GHF, y otros 93 murieron intentando acceder a la ayuda de la ONU. Más de 3,000 personas han resultado heridas en estos incidentes, que la ONU califica como violaciones graves al derecho humanitario.
Thameen Al-Kheetan, portavoz de Derechos Humanos de la ONU, advirtió que la población gazatí está atrapada en una cruel disyuntiva: morir de hambre o arriesgar la vida intentando obtener ayuda, en un contexto donde el asesinato de civiles desarmados constituye un crimen de guerra. La ONU ha solicitado urgentemente a Israel que cese los ataques contra civiles y garantice la apertura de los cruces terrestres para la entrada segura de alimentos, medicinas y otros suministros vitales.
Este conflicto ha provocado una catástrofe humanitaria que va más allá de las cifras. La infraestructura de Gaza está colapsada, con hospitales saturados, escasez de agua potable, electricidad intermitente y servicios básicos prácticamente paralizados. La población enfrenta la amenaza constante de ataques aéreos y bombardeos que destruyen hogares, escuelas y hospitales, mientras las temperaturas veraniegas agravan aún más la situación.
La comunidad internacional se encuentra dividida, con llamados urgentes a la calma y al diálogo, pero sin una solución clara a la vista. Países como China, Rusia, y miembros de la Unión Europea han expresado preocupación por la escalada, mientras que Estados Unidos mantiene su apoyo a Israel en este enfrentamiento.
Ante esta realidad, el pueblo de Gaza vive atrapado entre la violencia y la desesperación, sufriendo las consecuencias de un conflicto que parece no tener fin y que exige con urgencia la intervención humanitaria y diplomática para evitar una tragedia aún mayor.



