Ya pasó un año desde que los actuales alcaldes asumieron sus cargos, y aunque el momento exigía una rendición de cuentas clara y responsable, en muchos municipios lo que predominó fue el silencio o el discurso vacío. La pregunta es inevitable: ¿dónde están los planes, los logros, la transformación prometida?
Durante la campaña municipal, hay un patrón que se repite en casi todos los candidatos: prometer mejoras en el manejo de los desechos sólidos, hablar de reciclaje, limpieza y organización. Pero tras doce meses de gestión, en muchos territorios la basura sigue siendo parte del paisaje diario. El problema que más se menciona en campaña es el que más ausente está en la práctica.
Y si la basura es el reflejo físico del descuido, la desconexión entre el alcalde y su comunidad es el reflejo humano de una gestión vacía. La cercanía prometida, los encuentros comunitarios, los mecanismos de participación ciudadana… en la gran mayoría de los casos, brillan por su ausencia.
Lo poco que se ve de algunos alcaldes es en fotos y videos cuidadosamente planificados desde sus departamentos de comunicación, como si eso bastara para convencer al pueblo de que están trabajando. Pero la realidad en la calle es otra. Cuando los ciudadanos transitan o visitan las zonas donde supuestamente se están ejecutando obras o limpiezas, lo que encuentran es abandono, acumulación de desechos, calles deterioradas y promesas a medio camino.
Algunos alcaldes ni siquiera presentaron un informe detallado de su primer año. Otros improvisaron una lectura sin impacto, sin datos concretos y sin conexión con la realidad que vive su comunidad.
Gobernar no es ocupar una silla. Gobernar es asumir, transformar y comunicar. Y si después de un año los ciudadanos no saben qué ha hecho su alcalde, el problema es serio. No es falta de tiempo. Es falta de compromiso o de capacidad.
Claro, hay excepciones. Alcaldes que han dado la cara, que han ejecutado obras, que han organizado sus territorios y que han hecho de la transparencia una norma, no un favor. Pero en demasiados municipios, los ayuntamientos siguen siendo oficinas cerradas para la gente y abiertas solo para los intereses de siempre.
La rendición de cuentas no es solo un acto ceremonial. Es una obligación democrática. Y cuando se evade o se maquilla, se traiciona la confianza de quienes votaron con esperanza.
Ha pasado un año. Ya no hay excusas. Es hora de que los alcaldes hablen claro… o que los pueblos comiencen a hablar por ellos.



