Esta semana, Donald Trump recibió a su homologo sudafricano, Cyril Ramaphosa, en lo que se suponía sería una visita cordial para tratar temas de negocios, donde incluso el líder africano traía consigo una propuesta concreta para los Estados Unidos al considerar que “las relaciones comerciales son lo más importante” entre ambos países.
Y aunque los primeros minutos fueron considerablemente cordiales, entre risas y bromas, llenos de elogios para el político sudafricano y su país, la reunión se convirtió rápidamente en una emboscada donde el estadounidense acusó al africano de permitir un “genocidio” contra la minoría blanca en ese país.
Trump sacó un vídeo que tenía preparado, reprochó la pasividad y complicidad del Gobierno sudafricano, y no permitió que el político invitado, defendiera su posición.
En pocos minutos la reunión se volvió un caos, con Trump gritándose con los periodistas que cubren la fuente, Ramaphosa intentando explicar que las imágenes presentadas no reflejaban la realidad de su país, ni tampoco la posición de su Gobierno, mientras Trump ignoraba sus explicaciones.
Nada que deba de sorprendernos dada la caótica manera en que la administración 2.0 de Trump se maneja, pero que trae a la palestra el supuesto “genocidio” que ocurre, según Trump, en Sudáfrica.
La administración Trump se ha negado a participar en los eventos del G20, que este año acoge Sudáfrica, hasta que se resuelva lo que considera un “genocidio” contra la población blanca de ese país, amenazando con boicotear las reuniones y diciendo que no sólo no irá él, sino que tampoco participaran ninguno de sus ministros.
No es la primera vez que Trump le da por tomárselas en contra de Sudáfrica, de hecho, en febrero, Trump emitió una orden ejecutiva que recorta toda la financiación estadounidense al país, alegando lo que describió como «políticas internas anti blancas» y una política exterior antiestadounidense. Además, en marzo, expulsó al embajador sudafricano de territorio americano.
Recientemente ha empezado un programa para dar el estatus de refugiados a sudafricanos blancos, mientras ha suspendido el mismo programa de refugiados para con haitianos, venezolanos y/o sudaneses.
Todo esto por un supuesto “genocidio” del que no hay pruebas.
Mientras que, por otro lado, hace poco Trump recibió en la Casa Blanca a Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, quien abiertamente aniquila, cruel y violentamente, a la población palestina frente a todos.
Más de cincuenta mil personas muertas, millones de niños enfrentando inanición, la mayor población de niños amputados del mundo, desnutrición desmedida, todo tipo de abusos y violaciones de derechos humanos, bombardeos, y desplazamientos forzosos.
Pero, “no, Israel no está cometiendo genocidio”, dice la administración Trump.
El “genocidio real es contra granjeros blancos en Sudáfrica”, dice la misma administración.
Por mala suerte, los palestinos no tienen la piel blanca, no tienen padrinos poderosos, y a nuestros lideres les importa un “rábano” lo que les suceda.
Por buena suerte, los sudafricanos blancos son blancos, tienen al hombre más rico del mundo, Elon Musk, abogando por ellos, y a Trump pretendiendo que realmente le importan los derechos de los seres humanos.
Claro, siempre que sean los derechos de los blancos.
Y mientras Trump pretende, el resto de la comunidad internacional no hace nada para detener el genocidio real en contra de los palestinos.



