El 2012 fue un año clave en la guerra civil siria, y uno de los eventos más significativos de ese periodo fue la lucha por el control de Alepo, la segunda ciudad más grande del país. Los rebeldes sirios comenzaron a tomar terreno en varias áreas de la ciudad a medida que las fuerzas del régimen de Bashar al-Assad perdían control de las defensas clave.
La caída de las defensas del régimen en Alepo fue un punto de inflexión importante, ya que la ciudad se había convertido en uno de los principales escenarios de la guerra, con combates intensos entre las fuerzas del gobierno y los rebeldes. A partir de mediados de 2012, los rebeldes comenzaron a tomar áreas del norte y este de la ciudad, que es un importante centro comercial y estratégico para el régimen.
El asalto de los rebeldes a Alepo fue parte de un esfuerzo más amplio para tomar el control de las principales ciudades del país y debilitar el poder de Assad. Sin embargo, el régimen no cedió fácilmente. A medida que la lucha se intensificaba, Alepo se convirtió en un campo de batalla crucial, con combates urbanos devastadores que causaron grandes pérdidas humanas y materiales.
El conflicto en Alepo se prolongó durante años. En 2016, después de una feroz ofensiva del régimen respaldada por fuerzas rusas, las fuerzas del gobierno lograron recuperar gran parte de la ciudad, aunque el costo humanitario fue extremadamente alto. La ciudad quedó devastada, con miles de muertos y millones de desplazados.
La caída de las defensas del régimen en 2012 y la posterior ofensiva de los rebeldes fueron momentos decisivos en el conflicto, que aún continúa con diversas dinámicas y actores involucrados.



