{"id":3105,"date":"2024-09-24T14:58:44","date_gmt":"2024-09-24T18:58:44","guid":{"rendered":"https:\/\/elcasternews.com\/?p=3105"},"modified":"2024-09-24T14:58:44","modified_gmt":"2024-09-24T18:58:44","slug":"momentos-constitucionales-y-disciplina-de-partido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elcasternews.com\/?p=3105","title":{"rendered":"Momentos constitucionales y disciplina de partido"},"content":{"rendered":"<div id=\"mainContainer\" class=\"__reading__mode__extracted__article__body\">\n<div>\n<article class=\"w-full md:px-4 sm:px-8 px-4 pb-12\">\n<div class=\"flex flex-wrap -ml-4 -mr-3 relative md:px-3 lg:px-0\">\n<div class=\"w-full xl:w-85\/12 md:w-75\/12 sm:w-full px-4 pb-12\">\n<div class=\"detail-body text-lg\">\n<p>Una de las consecuencias insospechadas que acarrea esta \u00ab<strong>democracia partidaria<\/strong>\u00bb que nos rige (esa en la que los partidos pol\u00edticos desempe\u00f1an un papel absolutamente central) es aquella que resulta de las mayor\u00edas aplastantes que, cada tanto, se configuran en las c\u00e1maras legislativas. En esos casos, dir\u00eda Giovanni Sartori, esas asambleas tienden a convertirse en \u00abcajas de resonancia\u00bb, en cuyo interior reverberan decisiones tomadas en otro lugar, probablemente en la sede del partido al mando. En esos casos, tambi\u00e9n, la cl\u00e1sica discusi\u00f3n sobre mandato representativo y mandato imperativo adquiere otra connotaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuesta creer que las asambleas legislativas, reducidas a la resonancia, puedan conjugar satisfactoriamente las demandas de la sociedad. En tal tesitura, se quiebra la estrategia de \u00abpie dentro-pie fuera\u00bb, que tanto r\u00e9dito produjo al Partido de los Trabajadores en Brasil: el eco del mando partidario ensordece y bloquea, sin remedio, los canales de comunicaci\u00f3n poder-sociedad que, por regla general, deber\u00edan potenciar la delicada labor de representaci\u00f3n. Se produce, adem\u00e1s, un cortocircuito, no solo en la relaci\u00f3n entre el representante electo y el partido por el cual fue nominado, sino tambi\u00e9n entre el partido y su electorado, as\u00ed como entre este \u00faltimo y \u00absu\u00bb representante. El problema, claramente, se ramifica.<\/p>\n<p>Este efecto resonante puede tener varias explicaciones. Una de ellas podr\u00eda ser la necesaria cohesi\u00f3n que precisa la pol\u00edtica institucionalizada, sobre todo en contextos \u2014como el actual\u2014 en los que la competencia electoral es f\u00e9rrea, las campa\u00f1as se suceden sin parar y el poder se pierde m\u00e1s f\u00e1cilmente de lo que se obtiene. Otra explicaci\u00f3n, que es la que aqu\u00ed interesa, encarna la cara extrema de esa misma cohesi\u00f3n: se habla entonces de la disciplina de partido como veh\u00edculo para inmunizar las decisiones estrat\u00e9gicas y program\u00e1ticas de los grupos pol\u00edticos hegem\u00f3nicos.<\/p>\n<p>Cabe conceder a la cohesi\u00f3n cierto valor en la vida de las organizaciones, particularmente las partidarias. Es natural que los grupos se interesen en la unidad en sus filas, en especial ante cuestiones de relieve para la agenda nacional. En cambio, la disciplina de partido \u2014al menos en el contexto espec\u00edfico que aqu\u00ed se analiza\u2014 tiene un potencial distinto y comparativamente m\u00e1s costoso para la integridad de la\u00a0<strong>democracia<\/strong>, un potencial que, en mi opini\u00f3n, se verifica con nitidez cuando su satisfacci\u00f3n se exige bajo amenaza de sanci\u00f3n. Cuando ello ocurre, en cierta medida, se frustra una de las tareas esenciales de los partidos. Se distorsiona la propia funci\u00f3n de representaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, situados en un contexto de pol\u00edtica corriente, en el que est\u00e1n en juego las funciones que, de ordinario, han de cumplir los estamentos legislativos, la disciplina de partido protagoniza una de las muchas dificultades que derivan del de por s\u00ed problem\u00e1tico encaje de la\u00a0<strong>democracia<\/strong>\u00a0heredada de las revoluciones del siglo XVIII con la sociedad plural y heterog\u00e9nea de nuestros d\u00edas. Colocados \u2014en cambio\u2014 ante momentos de pol\u00edtica \u00absuperior\u00bb, en los que se disputa un agregado de tem\u00e1ticas especialmente sensibles (como, pongamos, una reforma constitucional), la disciplina de partido quiebra con violencia parte de la l\u00f3gica sobre la que se monta el Estado contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed una referencia a la distinci\u00f3n que formul\u00f3 Bruce Ackerman entre momentos de pol\u00edtica ordinaria (common lawmaking) y momentos \u00abconstitucionales\u00bb o de\u00a0<strong>pol\u00edtica constitucional<\/strong>\u00a0(higher lawmaking). A su juicio, hay una diferencia cualitativa entre la deliberaci\u00f3n \u00abest\u00e1ndar\u00bb sobre pol\u00edtica com\u00fan (pi\u00e9nsese en la cuesti\u00f3n fiscal) y la discusi\u00f3n \u00absuperior\u00bb sobre las variables esenciales del armaz\u00f3n constitucional. La diferencia entre ambos \u00abmomentos\u00bb no radica en su incidencia para el d\u00eda a d\u00eda del ciudadano de a pie (nadie niega que la reforma fiscal es un aut\u00e9ntico dolor de cabeza), sino en el \u00e1mbito tem\u00e1tico sobre el cual se cierne la discusi\u00f3n p\u00fablica. As\u00ed, siempre que se trate de los pilares vertebradores del poder o las \u00e1reas definitorias para el tejido social, se estar\u00e1 ante uno de esos momentos de\u00a0<strong>pol\u00edtica constitucional<\/strong>\u00a0en los que \u2014se supone\u2014 la visi\u00f3n de conjunto va m\u00e1s all\u00e1 de lo inmediato.<\/p>\n<p>Es cierto que esa separaci\u00f3n no es demasiado r\u00edgida y que, en la pr\u00e1ctica, la l\u00ednea divisoria entre ambos \u00abmomentos\u00bb no siempre es visible. Con todo, creo que el esquema de Ackerman suministra un marco te\u00f3rico \u00fatil para calibrar la significaci\u00f3n del \u00abmomento constitucional\u00bb configurado a ra\u00edz del proyecto de reforma constitucional que ha planteado el Poder Ejecutivo. Admitir la diferenciaci\u00f3n entre la deliberaci\u00f3n legislativa \u00abordinaria\u00bb y la deliberaci\u00f3n asamblearia \u00abconstitucional\u00bb, si bien no debe llevar a enga\u00f1o, al menos puede imprimir una inyecci\u00f3n de perspectiva sobre lo que en verdad acontece cuando el poder pol\u00edtico se organiza en torno a los cimientos de la vida en\u00a0<strong>democracia<\/strong>.<\/p>\n<p>Para que no se pierda el argumento, dir\u00e9 a continuaci\u00f3n que, en nuestro caso, el \u00abmomento constitucional\u00bb que ha creado el poder pol\u00edtico de turno ha ido perdiendo parte de su pretendida \u00absuperioridad\u00bb. No deja de ser llamativo, por ejemplo, el grado de resistencia que se ha verificado con respecto a la posibilidad de ratificar la reforma mediante referendo aprobatorio. Si la modificaci\u00f3n pretende que la naci\u00f3n se reencuentre consigo misma y entierre para siempre los males de anta\u00f1o, entonces su ratificaci\u00f3n por voto popular deber\u00eda ser el vector que apuntale y consolide el proyecto de cambio. Hay en ello razones de peso. La principal, a mi juicio, es que, en el fondo, el asunto se resume en una cuesti\u00f3n de legitimidad: no es solo que lo exige el art\u00edculo 272 del texto constitucional en vigor, sino que la ratificaci\u00f3n por referendo otorgar\u00eda a la reforma el impulso social y el aval democr\u00e1tico que curiosamente anhelan los sectores que la defienden (y que, por cierto, dif\u00edcilmente obtendr\u00e1n por otras v\u00edas).<\/p>\n<p>Un segundo motivo por el cual este \u00abmomento constitucional\u00bb resulta cada vez menos \u00abconstitucional\u00bb es de alta manufactura. En un giro, hasta donde s\u00e9, in\u00e9dito en la historia reciente, el presidente de la C\u00e1mara baja ha anunciado que el partido de gobierno, con una imponente mayor\u00eda en la pr\u00f3xima Asamblea Nacional Revisora, ha asumido la cuesti\u00f3n de la reforma (cito) en clave \u00abmonol\u00edtica\u00bb: de ser necesario, las discrepancias alrededor del proyecto (que vendr\u00e1n: de eso va la vida misma) ser\u00e1n sorteadas a golpe de sanci\u00f3n, y lo que no resuelva el di\u00e1logo se solventar\u00e1 con una reprimenda en casa.<\/p>\n<p>Si la disciplina de partido genera productos endiablados en el contexto de la pol\u00edtica \u00abordinaria\u00bb, es l\u00edcito reflexionar sobre su potencial en los momentos \u00abconstitucionales\u00bb. No parece descabellado anticipar que, en ocasi\u00f3n de una discusi\u00f3n como la que se nos ha planteado (en la que, insisto, anida un drama hist\u00f3rico), el r\u00e9gimen disciplinario del partido de gobierno termine siendo la clave en el proceso de reforma, la llave maestra de todo el asunto. Y como la reforma va porque va \u2014o al menos eso se ha dicho\u2014, la coyuntura muestra lentamente su verdadera forma: como producto de un sector cuya presunta misi\u00f3n es sanar definitivamente la desde siempre precaria salud de nuestra\u00a0<strong>democracia<\/strong>.<\/p>\n<p>No es necesario especular sobre los m\u00f3viles de semejante empresa. Basta recordar que la historia tiene una manera muy peculiar de revelar sus lecciones. Y que las formas de la reforma tienen su filosof\u00eda y su peso espec\u00edfico. Contra eso, me temo, no hay sentido de disciplina que valga.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"__reading__mode__content_end_mark_container_id\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las consecuencias insospechadas que acarrea esta \u00abdemocracia partidaria\u00bb que nos rige (esa en la que los partidos pol\u00edticos desempe\u00f1an un papel absolutamente central) es aquella que resulta de las mayor\u00edas aplastantes que, cada tanto, se configuran en las c\u00e1maras legislativas. 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